viernes, 15 de enero de 2016

Estaciones de guerra









Bernardino Molinari, un músico romano nacido en 1880, había sido alumno de la Accademia Nazionale di Santa Cecilia y, a partir de 1912, dirigió allí la Orquesta Augusteo, que luego sería rebautizada con el propio nombre de la Academia. Permaneció en esa función hasta 1944. Poco después de que las tropas aliadas liberaran Roma, el 4 de junio, fue abucheado por el público en dos oportunidades, el 9 y el 12 de julio. No sólo había sido el director estrella durante el fascismo sino que había aprovechado su situación –y la del país– para librarse de sus posibles rivales musicales. La acusación de colaboracionismo hizo que en su ciudad natal solo pudiera volver a dirigir la orquesta del Teatro de la Ópera. En 1942, en plena guerra, había realizado dos primeras grabaciones discográficas Las fuentes de Roma, de Ottorino Respighi –había estrenado sus Pinos de Roma en 1924– y una edición propia de un conjunto de cuatro conciertos descriptivos, vanguardista para su época y absolutamente desconocido hasta ese momento, Las cuatro estaciones, de Antonio Vivaldi. En 1945, el antiguo fascista viajó a Palestina, donde dirigió a la Sinfonica Israelí y se convirtió en su tutor. Para ellos hizo el arreglo de El Moldava, del ciclo de poemas sinfónicos Mi patria, del bohemio Bedrich Smetana, que se convirtió en "Hatikva", el Himno Nacional del futuro Estado de Israel.

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