jueves, 25 de julio de 2013

Eterno retorno

Publica la Rolling Stone, con firma de Oscar Jalil y en relación con un espectáculo que Charly García estaría preparando para presentar en el Teatro Colón: "...Bajo el título de 'Líneas Paralelas' y conectado directamente con la propia matriz musical, la idea es romper unos cuantos esquemas visuales y auditivos. Al acorde tradicional, compuesto por tres notas, García propone sacarle la tercera -que determina si el acorde es mayor o menor- y así provocar una tensión que también podrá seguirse desde las imágenes..." ¿Romper unos cuantos esquemas" ¿Tensión por sacar la tercera del acorde? ¿Acorde tradicional de tres notas? ¿No se enteraron de Scriabin, Debussy y Bill Evans, por sólo nombrar a algunos? En fin, o Jalil o García acaban de anunciar la creación del canto gregoriano. Con suerte, en unos ocho siglos vuelve Bach y dentro de unos 1100 años se vuelve a estrenar La Consagración de la Primavera. En unos 1160 años, aparecerá un artista que compondrá algunas grandes canciones, en la pantanosa Buenos Aires. El problema es que unos cuarenta años después, ese mismo artista volverá a inventar el canto gregoriano.

jueves, 18 de julio de 2013

Con los ojos abiertos







Los años sesenta (es decir desde mediados de los cincuenta hasta comienzos de los setenta) llevaron el mito de la música absoluta a un cenit. El credo tuvo su Dios, por supuesto, y también su apóstol en la Tierra. Bach es Bach y Glenn Gould es su profeta, se rezaba. Y es que el pianista encarnaba como nadie esa idea de música pura: el disco en lugar del concierto; la escucha con ojos cerrados. Nada que distrajera de la música. Mirando este video, con parte de la filmación de la presentación en el festival de Newport de 1971 del cuarteto del pianista Dave Brubeck, con Gerry Mulligan en saxo barítono, Jack Six en contrabajo y Alan Dawson en batería, con el agregado, como invitado, de Paul Desmond, quien había sido parte esencial de ese mismo grupo entre 1951 y 1967, volví a pensar en el tema. Para no estar de acuerdo, por supuesto. Obviamente puede escucharse esta música con los ojos cerrados. Y allí estará ese comienzo de Desmond metiendo en "All the Things You Are" un fragmento de "Isn't It Romantic?", aquella maravillosa canción que sonaba de fondo en Sabrina, mientras Audrey Hepburn y Humphrey Bogart conversaban en el jardín. Y estaría el fantástico contrapunto del final entre él y Mulligan. Y la exquisita marcación de Dawson. Y el fraseo delineado con tinta china de Brubeck. Y el desarrollo de cada frase. Sólo que verlos, aun con la pobre definición de imagen y sonido que proporciona Youtube, es una experiencia irremplazable. Mirar a Desmond, por ejemplo: cómo acaricia su instrumento, como extrayendo cada sonido con un cuidado extremo; cariñosamente. Mirar a Mulligan; su actitud reconcentrada, la explosiión tan contenida como pronta a manifestarse. Brubeck: la felicidad. Sugiero, tan sólo, escuchar con los ojos abiertos.

domingo, 7 de julio de 2013

Retrato de modernidad periférica








Hoy, domingo 7 de julio, es la última función. A las 5 de la tarde, en el CETC (Centro de Experimentación del Teatro Colón). Beatriz Sarlo, como libretista, Martín Bauer, como compositor, y ambos como directores de escena, construyen un retrato de Victoria Ocampo, circunvalando su fascinación por Stravinsky y La Consagración de la primavera, y eligiendo una manera muy Ocampo de contar: las notas laterales, la observación aparentemente casual, lo epistolar, los apuntes para futuras memorias. Una interpretación musical de primer orden, con dirección de Pablo Druker, actuaciones memorables de María Inés Aldaburu y Margarita Fernández (en un pequeño papel construido por ella misma para ella misma y que se agiganta por su único manejo de los tiempos perdidos), una excelente Analía Couceyro como Victoria Ocampo, un vestuario de detalle y belleza inusuales, y proyecciones que van de los colores de los bocetos de Nicholas Roerich a la película París nos pertenece, de Jacques Rivette son algunos de los elementos que hacen de V. O. un espectáculo notable

domingo, 16 de junio de 2013

Aliados


Esteban Buch











La ópera y la realidad no se llevan demasiado bien. Y en la Argentina esa relación, si cabe, es aún más problemática, hasta el punto de que una obra que alude a Romina Tejerina es tratada como si se tratara de la correspondencia entre Benjamin y Adorno. Un argentino, radicado en París, director allí del Centro de Investigaciones sobre las Artes y el Lenguaje del la École des Hautes Études en Sciences Sociales, y autor de algunos de los ensayos y estudios sobre música más importantes de los últimos años, escribió el libreto de una ópera que acaba de estrenarse en el teatro de Gennevilliers. La obra se titula Aliados y las funciones se extienden desde el 14 hasta el 19 de junio. "Usted ha llevado la democracia a Chile", le dice allí Margaret Thatcher a Augusto Pinochet. Conpuesta por Sebastián Rivas, con texto de Esteban Buch, la ópera cuenta el encuentro de los viejos aliados de Malvinas, en un departamento londinense, el  26 de marzo de 1999. El tratamiento musical materializa algunas cuestiones: Pinochet vocifera por un megáfono, la voz de Thatcher se entrecorta por sus problemas de habla ocasionados por el Alzheimer. La orquesta es el Ensemble Mulitilatérale, una mezzosoprano, Nora Petrocenko, encarna a la ex primera ministra británica y el barítono Lionel Peintre tiene a su cargo el papel del dictador chileno. Cada uno de ellos tiene, además, un doble instrumental, el clarinete para ella, el trombón para él; un ayudante de campo lee las acusaciones a Pinocher de Baltasar Garzón y un conscripto del 63 (doblado musicalmente por la guitarra eléctrica) es el doble, a su vez, de Buch (nacido en el 63). La obra se estrenó como parte del Festival Manifeste del IRCAM y será presentada el 4 de octubre en el Festival de Strasbourg, en el Teatro Palladium de Roma el 11 de ese mes y en Saint-Quentin-en-Yvelines el 31 de enero. Bienvenida la realidad.

miércoles, 22 de mayo de 2013

Henri Dutilleux (1916-2013)







Fue uno de los compositores más originales del siglo XX y siguió componiendo hasta ahora. Fue moderno y nunca perteneció al mundo fatuo de la modernidad. Fue sorprendente sin los tics y sobreactuaciones de quienes cultivan la sorpresa como una marca. Con lazos innegables con la tradición de Debussy y Ravel, fue negado y luego bendecido por Pierre Boulez. Murió el 22 de mayo. Aquí, un enlace a una muy buena versión de una obra que me gusta mucho, Les citations, para oboe, clave, contrabajo y percusión, en una revisión de 2010, y aquí un pequeño film promocional de la Deutsche Grammophon, acerca del extraordinario disco dedicado a su música que se editó a comienzos de este año y que, dirigido por Esa-Pekka Salonen y con la soprano Barbara Hannigan y el cellista Annsi Karttunen como solistas, obtuvo críticas laudatorias por parte de las revistas especializadas Gramophone, Clasica/ Le Monde de la musique y Diapason. El CD, donde toca la Orquesta Fiarmónica de Radio France, incluye las obras Correspondances (en primera grabación mundial, con Hannigan), "Tout un monde lontaine" (con Karttunen, que este año tocará en el CETC en dúo con el compositor Magnus Lindberg en el piano) y The shadows of Time (con tres niños solistas de La Maïtrise de Radio France).

domingo, 19 de mayo de 2013

Ophelia

Es posible que ese cuadro pintado por John Everett Millais entre 1851 y 1852 haya fundado muchas más cosas que el movimiento pre rafaelita, que con su vuelta a una clase de pintura detallista y su exaltación de la naturaleza y de una antigüedad mítica revolucionó la pintura inglesa del siglo XIX. Allí, en ese mundo tan meticuloso como inasible puede encontrarse, en todo caso, la semilla del simbolismo y hasta del futuro surrealismo. La obra se inspira en el final del cuarto acto de Hamlet, de William Shakespeare, en que la reina Gertrude comunica a su actual marido, el rey Claudio, y a Laertes, que Ophelia ha muerto. Ese monólogo es el tema de una canción de Robert Schumann, "Herzeleid", que abre el ciclo de seis piezas Op. 120, y de una de Berlioz, "La muerte de Ophelia". Hay además un ciclo casi desconocido de Canciones de Ophelia de Johannes Brahms, destinado a una representación teatral de Hamlet, y otro, genial, de Richard Strauss (su Op.67). Y están las piezas líricas de Edward Grieg, tan pre rafaelitas (y pre surrealistas) como el cuadro de Millais. Y la Sonata para violín y piano de Edward Elgar, imbuida por su espíritu. Y el Hamlet de Tchaikovsky. Y una "Ofelia" de Juan Maglio Pacho, grabada hace exactamente cien años. Y otra de Madelaine Peyroux. Por ese mundo transitará hoy, domingo 19 de mayo, el programa radial La Discoteca de Alejandría (de 19 a 21 en 96.7 o, por Internet, en www.radionacional.com.ar).

Cuervos que se rehúsan a (dejar de) cantar






Steven Wilson es un guitarrista, tecladista y compositor ligado a lo que, todavía, es llamado prog-rock. Una clase de canciones expandidas, con cierto desarrollo instrumental y una cuota de ambición, en su forma, en la temática de sus letras, que excede lo que el pop le ha deparado en los últimos años a aquel género que hace unos cuarenta años se apropió del universo musical y de la idea de modernidad en el arte. Era una idea, de todas maneras, que en muchos casos, tenía mucho de arcaico. Y de explícitamente renacentista. Tanto en su vuelta a fuentes antiguas (lo clásico, o lo clásico imaginario, en lo musical; las leyendas, mitologías, épicas lejanas y ucronías en las letras y en los aspectos visuales) como en su pretensión de abarcarlo todo. Steve Wilson lidera el grupo Porcupine Tree y además tiene tres discos solistas, el último, The Raven that Refused To Sing (aquí el video con la canción que le da título y que cierra el disco), producido por Alan Parsons –el legendario ingeniero de sonido de The Dark Side of the Moon– editado hace un par de meses en Europa y distribuido en la Argentina por Icarusmusic. Y ayer, un poco en secreto (aunque no para sus fans, desde ya), sin cobertura de diarios y casi sin que se publicara la noticia, actuó en el Teatro Vorterix. No se trata, desde ya, de música nueva, en un sentido estricto, sino más bien de una continuación, un perfeccionamiento (tal vez manierista) y una versión extremada de aquello que Yes, Pink Floyd y King Crimson diseñaron hace unas cuatro décadas. Wilson, que fue el productor de la reedición digitalizada de la discografía de King Crimson, llegó con una banda impecable (Nick Beggs, Adam Holzman, Chad Wackerman (baterista de Frank Zappa entre otros) y Guthrie Govan (que fue guitarrista de Asia), que toca, en rigor, mucho mejor que loque  podían tocar sus admiradas fuentes y cuenta con una tecnología inimaginable en los setenta. No es la revolución. Pero es como el regreso (ahora en HD) a un lugar amado.

domingo, 5 de mayo de 2013

Isla de la muerte






El pintor Nicholas Roerich fue el diseñador de la escenografía y vestuario de La consagración de la primavera y, según parece, más que el "sueño pagano" al que alguna vez se refirió Stravinsky, fueron los bocetos de este experto en el medioevo ruso, los que funcionaron como verdadera inspiración. Resulta obvia la mención a la obras del artista y arquitecto Viktor Hartmann, a quien Modest Mussorgsky recuerda en sus Cuadros de una exposición (el subtítulo en la portada original es Воспоминание о Викторе Гартмане –Vospominániye o Viktore Gártmane–, o sea "recuerdos de Viktor Hartmann"). Pero hay un tercer caso ruso, que involcra a una de las composiciones más bellas de comienzos del siglo XX: el poema sinfónico Isla de la muerte, que Sergei Rachmaninov escribió en el invierno de 1908 en Dresde, la ciudad que tomaba como centro de operaciones para sus giras europeas como pianista. La obra es un ejemplo notable de wagnerianismo tardío (o richardstraussismo temprano) leído desde Rusia y la tradición del Tchaikovsky más oscuro. Y pocos recursos dramático musicales podrían resultar más efectivos (o por lo menos más seductores) que la simultaneidad de un pie rítmico de cinco tiempos, que simbolizaría la respiración, con las citas del Dies Irae gregoriano. En el origen de la obra hay asimismo un cuadro, también titulado Isla de la muerte y creado por el simbolista suizo Arnold Böcklin, nacido en 1827 y muerto en 1901. Algunos aseguran que el músico vio el cuadro en una exposición en París. La verdad es que lo que Rachmaninov vio fue la fotografía en blanco y negro que le mostró su amigo Nikolai Struve, quien además se la sugirió como tema a tener en cuenta. Lo interesante es que Isla de la muerte no es un cuadro sino muchos, y nadie sabe exactamente cuál es el que vio Rachmaninov. Böcklin pintó cinco versiones diferentes y las reproducciones de unas u otras llegaron a ser popularísimas en Europa central, incluso en fotografías en blanco y negro como la que Struve le mostró al compositor. Vladimir Nabokov observó en la novela Desesperación, de 1936, que "había una en cada hogar de Berlín". Por lo pronto, tanto Sigmund Freud como Vladimir Lenin tenían reproducciones pegadas en las paredes de sus estudios. Y Böcklin fue, además, el pintor preferido de su frustrado colega Adolf Hitler.

jueves, 2 de mayo de 2013

El gráfico






Giacomo Puccini estuvo en la segunda función y dijo, según otros dijeron: "La coreografía es ridícula y la música cacofónica; la obra de un loco. El público susurró, se rió, y... aplaudió". La crítica de Le Figaro, firmada por Henri Quittard, concluía definiendo la composición como "una barbarie laboriosa y pueril". Cuentan que Igor Stravinsky, tras bambalinas, marcaba los tiempos frenéticamente con los pies contra el suelo, para tratar de guiar a los bailarines, irremisiblemente perdidos. El 29 de este mes se cumplirán 100 años del que tal vez haya sido el estreno más famoso de la historia y, con seguridad, aquel en el que más distancia hubo entre la valoración original de una obra y la manera en que, muy pronto, comenzó a ser considerada. De hecho, como obra de concierto, ya sin la coreografía de Nikinsky, La consagración de la primavera fue un éxito menos de un año después. Se escuchó por primera vez en San Petersburgo el 18 de febrero de 1914, con dirección de Serge Koussevitzky, y el 5 de abril, luego de ser presentada en París (en el Casino y, como en el estreno del ballet, con Pierre Monteux en el podio), Stravinsky fue llevado en andas. Entre las múltiples conmemoraciones del centenario, el animador Stephen Malinowski, que trabajó entre otros con Björk, preparó junto al programador Jay Bacal en una especie de versión gráfica que permite, a quienes no leen una partitura, tener, literalmente, una visión ("que los ojos guíen al oído", dice Malinowski) de la obra. Aquí, el enlace a la primera parte y aquí a
la segunda.

sábado, 20 de abril de 2013

Alta fidelidad

Algunas listas:

Los 10 mejores pianistas actuales que nadie incluiría en su primera lista de los 10 mejores pianistas actuales.


















1. Stephen Hough
2. Nikolai Demidenko
3. Janusz Olejniczak
4. Alexander Melnikov
5. Hélène Grimaud
6. Angela Hewitt
7. Yefim Bronfman
8. Nelson Goerner
9. Pierre-Laurent Aimard
10.Maria Joao Pires














Los 10 mejores compositores menores
1. Francis Poulenc
2. Ottorino Respighi
3. Sergei Rachmaninov
4. Nikolai Medtner
5. Andrzej Panufnik
6. Julián Aguirre
7. Aaron Copland
8. Luigi Boccherini
9. Frederick Delius
10. Carlos Chavez


Para futuras ocasiones quedan las 10 mejores obras que nunca tengo ganas de escuchar, los 10 mejores saxofonistas que no me gustan, los 10 peores discos entre los que aspiraron a ser los mejores, los 10 músicos más injustamente recordados, las 10 óperas que no deberían representarse ni aunque fuera gratis, los 10 mejores discos de artistas grasas (adelanto uno: "Daughter of Darkness", de Tom Jones) y los 10 peores discos de artistas finos (adelanto otro: Symbiosis, de Bill Evans)