lunes, 29 de noviembre de 2010

La parte y el todo










Hay capítulos, momentos, que tienen la capacidad de resumir toda la obra. Y a veces, más aún, de contar toda la historia de un género. Por supuesto, no es exactamente así. Es decir, sólo funcionan si se conoce la obra o la historia en su totalidad. El pequeño capítulo en el que se habla del bordado (de la trama) en La traición de Rita Hayworth, de Manuel Puig, condensa la novela pero únicamente en el caso de que se la lea completa. A veces me siento tentado por pensar a ciertas obras musicales de esa manera. Sobre todo aquellas que despliegan una red hacia el pasado, hacia lo contemporáneo y al futuro, como la Sonata en Si Menor de Liszt, las Variaciones Diabelli de Beethoven o el Carnaval de Schumann –que acabo de escuchar en la versión de Ashkenazy, que no conocía y que forma parte de una caja con toda la obra pianística de este autor, que me consiguió muy barata Guillermo, en Minton's–. Ahora que lo pienso, todas las obras que mencioné son para piano. ¿Será que ese instrumento, con su extraña combinación de intimidad y cosmogonía, también tiene esa cualidad de condensación de un todo –de un posible todo; de algún todo–?

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