sábado, 26 de febrero de 2011

Ni el amarillo del final

Uno podía suponer que la cultura, la educación, la salud y las políticas de vivienda no serían sus preocupaciones esenciales. Incluso, que de algunas de ellas hasta desconocería su nombre o existencia. Pero la decoración de exteriores, y sobre todo en los barrios más o menos finos, se creía que no le sería ajena. Como siempre, el ex presidente de Boca Jrs devenido Jefe de Gobierno de Buenos Aires, sorprende. El amarillo (el color que ha elegido como emblema, nada menos; aquel que, con cierto grado de duda en cuanto a la legitimidad del proceso, mudó de las actividades partidarias a las estatales) con el que pinta esquinas de cordones y los bodoques que delimitan las nadisendas (bicis no he visto, hasta ahora) dura lo que una idea de Michetti. Y ya que se habla de cordones y veredas, el estado es lamentable. Mientras se reasfalta lo asfaltado (se supone que con altos costos y gravosas comisiones), las veredas han caído en el olvido. La que se ve en la foto, en Aráoz al 400, es un buen ejemplo. De vereda y de amarillo fugaz.

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