sábado, 19 de mayo de 2012

Fugas








Las historias con niños siempre me hacen pensar en fantasmas. También los pianos de juguete. Algo me dice que no debería indagar acerca de quién sería el fantasma en este caso, pero lo cierto es que, desde Otra vuelta de tuerca a sus secuelas Los otros y Sexto sentido, puede haber niños sin fantasmas –aunque no abundan– pero jamás hay fantasmas sin niños. Y allí está la magnífica Eclipse, de John Banville, donde el protagonista se hace la gran pregunta: ¿Los fantasmas siguen apareciendo cuando él no está para verlos?
La versión de El arte de la fuga, donde la pianista Silvia Dabul toca una selección de esas piezas escritas por Johann Sebastian Bach al final de su vida (y tal vez sólo para sí mismo) dentro de una historia, imaginada por la directora teatral Bibi Aflalo, donde hay una niña, un piano de juguete y una playa desierta junto al mar (allí también hay fantasmas) roza –y riza– el tiempo. Como las propias fugas, la obra vuelve sobre sí misma y se convierte en su propio espejo. Hoy, sábado 19, a las 20.30, y mañana, domingo 20, a las 17, se presenta en el Centro de Experimentación del Teatro Colón (CETC).

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