jueves, 14 de julio de 2011

Hemos perdido







 Nadie piensa de sí mismo que es malo. No hay persona que no considere buenos sus argumentos y suficientes sus justificaciones. Y debe haber pocas cosas más peligrosas que un ser humano con algo de poder (un arma, por ejemplo) y capaz de considerar sus convicciones superiores a lo humano. "Ad majorem dei gloriam" debe ser una de las fórmulas más letales concebidas hasta el momento por la propia humanidad (y en contra de sí misma). Nada de esto es privativo de los argentinos y, ni siquiera, de los porteños. Otras cosas sí. Por ejemplo, los habitantes de este territorio realizaron en alguna época trece paros nacionales reclamando que no se pagara la deuda externa. Podrá decirse que quienes decidían tales desmesuras eran aviesos sindicalistas aliados con un perverso partido político poco acostumbrado a ser opositor y capaces de cualquier cosa con tal de desestabilizar a los gobernantes (con bastante ánimo destituyente, diría). Pero quienes paraban –o muchos de ellos, para ser más preciso– eran los mismos que por ese entonces votaban a Alsogaray y luego a Erman González o Cavallo. Este era (es) un país donde un partido autoritario de derecha se llamaba "de centro democrático". Es decir, un país donde, como señala brillantemente Gustavo Fernández Walker en una entrada de su blog, nadie quiere ser de derecha, aunque lo sea. Donde la identificación de la derecha con el mal es tan fuerte que decir "soy de derecha" equivaldría a hacer aquello que el ser humano nunca hace: reconocer que es malo y le gusta serlo.
Como dice GFW, no hay muchos misterios. Si se piensa que gran parte de los problemas de los porteños se deben a los extranjeros (pobres) y a los provincianos (pobres) que llegan a la ciudad, si se cree que el Estado no debe velar por ciertos bienes como la cultura y que estos deben estar regidos por lógicas más comerciales, si se sostiene que el colapso de la salud pública está causado por los bárbaros (los de afuera), se es de derecha. Y si en el voto prima esa convicción (ad majorem dei gloriam) por sobre la flagrante incapacidad de los votados incluso para conseguir esos objetivos que supuestamente se estarían buscando –por favor, que alguien me muestre (y me demuestre que existen) los planes de Macri en relación con la migración, tanto interna como externa–, esa decisión es objetivamente ideológica (la ideología se impone a la experiencia) e inocultablemente de derecha.
Nunca, jamás, una ciudad tiene una sola cara. Pero hay colores que logran darle una tonalidad al conjunto. Uno podía imaginar, en algún momento, a Buenos Aires más parecida a uno; más cerca de mirar películas en blanco y negro que de bailar reggaetón en amarillo. El tono general era el de una ciudad con una impronta cultural importante, con un perfil en el que la educación pública y la universidad estatal eran definitorios. No todos eran así, desde luego, y puede suponerse que para muchos ese color era tan agresivo como lo son, ahora, los globos y el bailoteo para la gente como uno. Tal vez la explosión de Fito Páez se relacione con eso. Con sentir que el rasgo general de la ciudad ya no está definido por nosotros. Con comprobar que, por primera vez, sus dirigentes se han recibido en la UCA y no en la UBA. Con aceptar que hemos perdido. Pero, como con el menemismo –el otro anatema con el que los democráticos nos volvemos antidemocráticos–, no es el macrismo el que crea a sus votantes sino lo contrario.
Hay que pensar que esos (para mí) horribles bailoteos con globos se parecen mucho más a la ciudad real que lo que nos gustaría admitir. Que para una parte muy importante de los habitantes de esta ciudad, los problemas se resuelven no con la solidaridad y con políticas de inclusión sino con la exclusión. El gobierno de Macri ha sido, en ese sentido, absolutamente confrontativo. Ninguno echó a tanta gente; ninguno tuvo tantas fantasías de fundación. Y, en muchos casos, las decisiones fueron tomadas como venganza y como afrenta. No otra cosa fue la primera directora de Radio de la Cudad, ex encargada de marketing de Wella (la empresa de shampúes), obsesionada con el horario de firma de los locutores y capaz de interrumpir durante todo un mes la programación de la radio (durante su gestión todos los programas terminaban en diciembre para recomenzar en febrero) para que ningún contratado pudiera tener continuidad de un año al otro. Hay que aceptar que quienes, conociéndolo, han elegido ese modelo de gestión, que quienes sabiendo que el metrobus es, en realidad, el tren fantasma y que por las bicisendas sólo transitan palomas y paseadores de perros, tenían derecho a hacerlo. Hay que reconocer que quienes defendieron un gobierno que se dedicó a pintar los faroles de las plazas de dorado, que gastó 150 millones de dólares en una refacción del Colón que no facilitó sus posibilidades de producción y septuplicó los precios de las entradas más baratas, y que reemplazó la planificación urbana por los negocios inmobiliarios, lo hicieron de manera lícita. Que no es posible condenarlos por apoyar a un hombre procesado, que concibió la policía de la ciudad para el espionaje (incluso el familiar), que no distingue entre lo público y lo privado y que entregó toda la obra pública a empresas de las que fue socio. Que una población (o casi su exacta mitad) no es condenable por ser de derecha (aunque no le guste admitirlo) y, ni siquiera, por serlo hasta el punto (ad majorem dei gloriam) de pasar por encima de la medianía de los logros para defender la supuesta altura de la Idea.

33 comentarios:

  1. Gracias, Diego, gracias.

    ResponderEliminar
  2. Me parece que hablar de derecha o de izquierda aclara poco, no sirve.
    Macri ganó, en parte, gracias a una campaña muy populista (que sirvió para dar más fuerza al PRO en el sur de la ciudad). Pero no todos los populismos son de derecha (aunque generalmente tiendan a mezclarse con el fascismo).
    En fin: no todo es tan simple como nos gustaría.
    Saludos.

    ResponderEliminar
  3. Los pares izquierda/derecha, populismo/republicanismo pueden ser muy operativos, a condición de que no se establezca una identificación automática entre sus miembros. Se refieren a cosas distintas, y cruzarlos puede iluminar bastante más de lo que se cree. En todo caso, sirven para ofrecer un marco general, en el que después hay que analizar los matices. O sea, yo no me animaría a unir populismo y fascismo con tanta naturalidad. Como tampoco caería en la idealización del republicanismo, igualmente capaz de derrapar en las variantes más salvajes de la derecha.

    En todo caso, el rasgo populista de Macri se manifiesta en lo indeterminado de un mensaje ("venimos bien") que interpela a muchos grupos variados y heterogéneos que resignifican ese "venimos bien" como mejor les parece. El populismo macrista se acaba ahí. Cuando se plasma en la gestión (o en la no-gestión, o la egestión, para ser más precisos), ahí ya se comporta como cualquier gobierno de derecha neoliberal del mundo. Por eso, cuando decimos que todos los votantes de Macri son de derecha, claramente se trata de una provocación: como bien dice Diego, muchos de los que lo votaron no se asumen como personas de derecha. Lo que es incontrastable es que el gobierno de Macri, populista o no, es de derecha, y entonces algo hay que explicar. Desde ya, yo no creo que todos los que votaron a Macri sean tontos, pero me parece que sí es lícito interpelarlos: por qué, si dicen no ser de derecha, votaron al candidato que mejor representa el ideario de la derecha. Los cuatro años de gobierno de Macri, las medidas que tomó, las que no tomó, las que vetó y las personas que puso al frente de sus ministerios demuestran claramente que hablar de izquierda y derecha sigue teniendo sentido.

    ResponderEliminar
  4. Los comentarios anónimos son más o menos inevitables. Los violentos o insultantes no tanto. Existe, siempre, la posibilidad de no publicarlos. Lo que, con total consciencia no admito, son los que unen ambas condiciones. No es que un agravio firmado me parezca bien pero, por lo menos, hay alguien que pone la cara. Yo no soy anónimo y no me parece que deba admitir asimetrías de esa naturaleza. Eventualmente, quien quiera hacer comentarios desfavorables al contenido del blog o de otros comentarios deberá esmerarse y hacerlo con la mayor cantidad de argumentos posibles y sin agraviar a nadie. Este blog está abierto a la discusión. No al insulto. Y, mucho menos, al insulto sin firma.

    ResponderEliminar
  5. De todo lo que hemos leído en estos días, es de lo que más me ha gustado. Confieso que estaba esperando un post tuyo sobre este tema desde el domingo a la noche.Coincido totalmente con GFW cuando dice "Desde ya, yo no creo que todos los que votaron a Macri sean tontos, pero me parece que sí es lícito interpelarlos: por qué, si dicen no ser de derecha, votaron al candidato que mejor representa el ideario de la derecha."
    Muchas gracias Diego por este post, y por el blog en general.
    Un abrazo!

    Aparicio Alfaro

    ResponderEliminar
  6. te lo afano para el rancho, no se me ocurre nadamejor (como veras en el, lo mio no es la originalidad, si se elegir "los Amigos" y suscribo con lo que cuelgo.
    Abrazo

    ResponderEliminar
  7. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderEliminar
  8. Estimado Toyos. La única firma que aparecía en su mensaje era (y es) "Mi". Más allá de eso, y en relación con el asco explicitado por Páez que estaría justificando otros ascos en consecuencia, desde ya que es cierto. Y también hay muchos otros ascos que montones de personas tienen derecho a manifestar. Pero no necesariamente en este blog. No fue aquí donde Páez cometió su exaprupto, o como quiera llamárselo, por lo que no resulta evidente que este sea el lugar propicio para responderle y, en última instancia, para hacerlo en sus mismos términos. En cuanto a las bicisendas y el metrobus, entre otras políticas de este gobierno que me parecen por lo menos fallidas, no hay allí agravio a la persona. Nada hay que insulte a Macri; no utilizo argumentos que tengan que ver con la persona. Ironizo, sí, y eso podría leerse como una agresión, pero lo hago sobre hechos. No digo que las bicisendas están mal porque las puso en práctica un tonto, un ladrón, una mala persona o lo que fuera. Digo que están mal porque, como muchas otras acciones de este gobierno, fueron realizadas sin los estudios suficientes, más por su aspecto exterior que por una necesidad. En rigor, una ciudad con bicisendas es mejor que una que no las tenga pero no pueden estar en cualquier calle, no pueden pasar por salidas de hospitales o de momberos, no pueden ser doble mano y no pueden interrumpirse (como la de Montevideo y la de Virrey Zeballos). Y muchas están, efectivamente, vacías. Lo de la paloma y la paseadora de perros juro que es verídico, en todo el recorrido por Montevideo, entre Libertador y Vicente López (luego la bicisenda se extingue o pasa a otra dimensión) y entre las 12 y las 12 y 10 del mediodía del día viernes 8 de julio. El Metrobus, por su parte, a todas luces fue sólo una foto. No existe. Sí existen carriles exclusivos para el 166 y el 34 pero, también en este caso fue un plan –diseñado por Telerman– desperdiciado. Lo que cabía era hacer realmente un transporte nuevo, y eléctrico, y no en una sola vía sino, como se ha hecho en otras ciudades, formando una especie de cuadrado por avenidas más o menos externas a la ciudad. Por otra parte, decir que Macri está procesado y por un delito grave (un delito que en Londres acaba de provocar un escándalo mayúsculo y que, en su momento, alcanzó para que un presidente de los Estados Unidos debiera renunciar) y que sus votantes decidieron pasar por arriba de ese detalle, no es un agravio sino un hecho objetivo. La calificación a esa clase de votantes corre por cuenta de cada uno y, eventualmente, en el caso de Fito Páez, es independiente de su mayor o menor talento para hacer canciones y de la utilización que de ellas se haga en los supermercados. Por último, y pidiendo disculpas por la extensión de mi respuesta, hago notar que esta fue una primera vuelta, que existían otras opciones que no eran ni Macri ni Filmus, que nadie estaba obligado, en esta instancia, a optar entre uno y otro y que, por lo tanto, éste debe tomarse como un voto convencido. Y, aclaro –y este es un punto de vista personal–, mis críticas a Macri no conllevan, necesariamente, un elogio a Filmus. Puesto en el ballotage deberé elegir entre uno de los dos y eso haré.

    ResponderEliminar
  9. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderEliminar
  10. Si lo que se intenta es discutir seriamente qué fue lo que pasó y por qué el resultado de las elecciones fue el que fue, tal vez habría que agregar otras variables.

    Por ejemplo, no todos los que votan a la derecha lo hacen votando a Macri. ¿Y los votos de López Murphy, por ejemplo? ¿Y los del candidato de Duhalde? Entiendo que ninguno de los dos es de izquierda. Admitamos, por otra parte, que también existen. Esta misma suposición podría incluir también a otros candidatos.

    Luego, ¿todos los que votaron a Macri lo votaron porque son de derecha? ¿No cabe imaginar que haya gente que, sin ser de derecha, le disguste el tipo de gobierno al que estaría representando Filmus? ¿O volvemos entonces a esa sentencia del tipo de las que solía usar el PC, que sostenían que si no eras amigo eras inmediatamente enemigo?

    Ahora bien, entiendo que para ganar una elección falsamente polarizada, este último tipo de argumento sirva. Pero, ¿es mejor que el que nos condena al blanco y al negro?

    Llegados a este punto, ¿no puede ser que haya habido gente que votó a Macri en repudio del candidato del gobierno nacional? Y si fuera así, ¿ese votante es un energúmeno?

    Hace poco, Beatriz Sarlo escribió un muy buen artículo señalando las virtudes de los gobiernos de los Kirchner y apuntando lo que ella consideraba sus defectos. Inmediatamente agregaba que es responsabilidad de los intelectuales reconocer unas y otros, reservando para los defectos su capacidad de crítica. Sin embargo, lo que ella parecía observar en los intelectuales y artistas adscriptos al kirchnerismo era una suerte de alineación instantánea que implicaba hacer la vista gorda y terminar apañando, defensa del dogma mediante, el poder otorgado a Moyano, el manejo de fondos de De Vido, las prebendas obtenidas por aquéllos afines al régimen, etc. (y todavía no habían estallado los escándalos de las Madres y Shoklender, EINADI, etc.).

    En síntesis, ¿no cabe que una parte considerable de la población de Buenos Aires –la misma que en otras oportunidades les diera sus votos mayoritariamente a Ermán González, De la Rúa o Ibarra, hoy haya votado a Macri para no dárselos a Filmus y a lo que éste representa?

    Por último, si bien lo ocurrido en el Colón es un modelo de lo que no se debe hacer, cabría por lo menos mencionar que la política de festivales no sólo no fue errática, sino que potenció lo que ya se había hecho bien en el gobierno de Telerman (otra opción de voto que no incluye automáticamente a Filmus). ¿Acaso Sergio Wolf (BAFICI) o Adrián Iaies (Festival de Jazz) por trabajar en el marco del Gobierno de la Ciudad son automáticamente macristas? Entiendo que forman parte de los matices a los que me había referido al principio.

    Tal vez sería de alguna utilidad discutir estas cosas aquí ya que a partir de lo que Diego propone empezó algo así como un debate.

    ResponderEliminar
  11. Celebro que Vito haya firmado el último comentario, porque de lo contrario ahora debería decir que quiero rebatir algunas cosas dichas por "mi", lo cual me habría convertido en un involuntario esquizofrénico. Así las cosas, lo que me interesa señalar (y no sólo porque lo menciona Vito, sino porque lo escuché ya en varios lugares) es que la referencia a un supuesto clamor a favor del voto calificado es una muy mala interpretación de las cosas y, en algunos casos (no necesariamente el de Vito), de evidente mala fe.

    En primer lugar: la equiparación entre el asco de Fito y otras referencias a electorados diversos (Pino diciendo que el voto de Salta no es de buena calidad, Binner aludiendo al síndrome de Estocolmo en Santa Fe, Luis Juez hablando de su odio a los porteños) pasa por alto que las responsabilidades de un artista son muy distintas a las de un dirigente. En todo caso, la referencia más cercana al caso-Páez fue el affaire Vargas Llosa, un escritor que confesaba llorar por la degradación de la Argentina kirchnerista. Se leen y se escuchan cosas peores, en boca de personas celebradas por su mesura y equilibrio, así que hasta aquí no habría nada del otro mundo.

    La referencia al voto calificado, por el contrario, no tiene nada que hacer en la discusión. Lo que hace que nuestros votos valgan lo mismo no es ni la inteligencia, ni la moral: habrá gente más inteligente que otra, gente más bondadosa que otra y hasta gente con un gusto más refinado que otra. Todos, intuyo, estamos inclinados a vernos en el primer miembro de cada una de estas distinciones, y además, llegado el caso, echarles en cara a los que están en el otro su estupidez, su maldad o su mal gusto. En eso, al menos, somos todos iguales, o casi. Pero si el voto de cada uno de nosotros vale lo mismo, es precisamente porque el voto no se funda en la inteligencia, ni en la moral, ni en el buen gusto, sino en esa libertad irreductible a la que alude la metáfora del cuarto oscuro: cada uno vota lo que quiere, y allí no hay error posible. Nadie te puede decir que lo que querés está mal. Es lo que querés y basta.

    Pero aquí el problema es otro: como se insinuó en la entrada del blog y en algunos comentarios, de lo que se trata es del aparente desfasaje entre lo que se eligió y lo que se dice haber elegido. Si alguien cree que lo que necesita Buenos Aires son más bicisendas y menos extranjeros, menos presupuesto en educación y salud y más en policía y marketing, y por eso vota a Macri, todo bien. Me reservo, eso sí, el derecho de decirle a esa persona que es un flor de garca. Y no estoy diciendo que no debería votar, como intuyo que tampoco quiere impedirme votar el que, al enterarse de que voy a votar a Cristina, me grita "montonero".

    Pero me reservo, también, el derecho a pensar que son bastante otarios esos otros que votan a Macri porque "venimos bien". Los que dicen que la educación, la salud y la cultura son sus prioridades y eligen al tipo cuyas políticas (porque Macri, al fin de cuentas, es un político, aunque él y quienes lo votan no quieran hablar de política) deterioraron notablemente el estado de escuelas, hospitales y teatros. Por no hablar de los casos de espionaje por los que está procesado, algo de lo que ni Rupert Murdoch pudo zafar, aunque a Macri, ni cosquillas. Y, por supuesto, tampoco a ellos quiero impedirles votar, como tampoco, intuyo, quieren impedir mi voto los que me llaman "ingenuo" (por decir lo más liviano) por creer que la política de DDHH del Gobierno es más que una maniobra oportunista.

    (sigo en un rato)

    ResponderEliminar
  12. (sigo, entonces)

    Ahora, si para mí la mitad de los porteños son, o bien garcas, o bien otarios, el asco sería, en todo caso, una reacción desmesurada, pero no tan extraña, al fin de cuentas. Cuando uno creció escuchando que este país nunca iba a ir a ningún lado, y que estamos hundidos en el fondo del océano por el clientelismo (única razón que parece explicar, para cierto paladar "republicano", que gobierne el kirchnerismo), el exabrupto de Fito es, casi casi, de una candidez conmovedora.

    Una última cosa: jamás vi (en los '90 era muy joven, pero parece que algo así pasó en el '95) que los que votaron a la fuerza que ganó estén a la defensiva. Eso, personalmente, me parece lo más triste. Le agrega una categoría más a una porción del electorado macrista: están los garcas, están los boludos, y están los conformistas, esos que, por no hacer olas, se bancan cualquier cosa, hasta un holgazán, bruto y patotero como Jefe de Gobierno. "Si, tenés razón, pero bueno... No quiero votar a Cristina", dicen. Pero entonces, nótese que hay otro sentido en el que el voto NO es calificado: a la hora del escrutinio, no se juzgan las intenciones ni últimas motivaciones, estrategias o intereses del que vota. Se cuentan los votos. Mal que les pese a los partidarios del "mal menor", uno nunca vota a un "no-alguien". Uno vota a alguien. Así, resulta inevitable que algo de la mierda del candidato que votaste te salpique. Y eso vale para todos. Gente sin swing hay en todos lados.

    ResponderEliminar
  13. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderEliminar
  14. ¡epa! No sea tan duro con sus hermanitos, Vito, no vaya a ser que algún desprevenido interprete que usted quiere decir que es el único integrante de la familia Foyaso que tiene swing. Al final de cuentas, una contradicción entre A y no-A sólo se produce cuando se afirma ambas al mismo tiempo y respecto de lo mismo. O sea que votar primero a Nemen (lo cito a Charly, ya que Fito irrita) y votar a Cristina diez años después no es una contradicción ni mucho menos una enfermedad: hasta se podría considerar una autocrítica. Más grave, en cambio, me parece haber votado a Nemen en 1989 y/o 1995, haber sufrido el cavallismo aliancista, la crisis de 2001-2002 y después de eso, votarlo de nuevo en 2003. Y después a Macri. Dos veces. La coherencia no necesariamente es una virtud (como todo buen kirchnerista sabe).

    De todos modos, me parece más interesante lo que dice el amigo Fondebrider: desde ya que existen los matices. Pero parecería que el votante porteño (así, en general, no sólo el que no tiene swing) es bastante adepto a teorías conspirativas de una complicada alquimia, según la cual el voto es el resultado de una sumatoria de variables más o menos ocultas. "Voto a X para que no gane Y", "Y estuvo con Z y ya arreglaron que entre los dos van a apoyar a Q", o, la peor de todas las ecuaciones posibles: "son todos lo mismo". Pero como por el momento las boletas que uno introduce en la urna sólo llevan el nombre de un candidato y no las razones por las que el votante lo eligió, Macri tiene todo el derecho del mundo a pensar que la mitad de los porteños quiere más bicisendas, más espionaje, más festivales de esos que ese hacen una vez al año, o cada dos, pero menos fondos para esos teatros que laburan todos los días. Y obrar en consecuencia.

    Y ya que hablamos de matices: entiendo muchas críticas que se hacen sobre el kirchnerismo. Desde ya que tengo las mías, que son distintas a las que enumera Jorge. Y en esos varios matices se juega, intuyo, la preferencia por uno u otro candidato. Por ejemplo, se dice que Cristina "le da mucho poder" a Moyano. Ahí no estoy de acuerdo: nadie le puede "dar poder" a nadie, menos en esos ámbitos. Sería lo mismo que decir que Cristina "le da" mucho poder al Grupo Clarín. A lo sumo, se puede decir que con uno se negocia y con el otro no. O, para ser más exactos, con uno se negocia más y con el otro menos. Los grupos (nótese que no digo "la corpo") tienen ese poder porque lo construyeron de alguna manera (legítima, ilegítima, fugaz o lo que sea), pero nadie se lo puede conceder graciosamente.

    Podrán decir que soy un marxista, pero no soy el único.

    Saludos!

    ResponderEliminar
  15. Varias puntualizaciones: las críticas enumeradas al kirchnerismo son las que propuso Beatriz Sarlo. Las mías, aclaro, son mayores.
    De hecho, incluyen las de BS más todo lo que históricamente se le achaca a un movimiento como el peronismo (verticalismo, manejo poco claro de fondos públicos, clientelismo, inescrupulosidad, etc.).

    Me encantaría –y no lo digo como chicana, sino con el mayor de los respetos– saber cuáles son tus críticas, Gustavo, y por qué, no obstante ellas, defendés ese voto. La pregunta, claro, es extensiva a otras personas que me merecen el mismo aprecio que GFW, siempre y cuando no me hablen del "mal menor".

    En cuanto al poder, no tengo otro remedio que admitir que el la única facción que sabe de qué se trata es la de los peronistas, sean de derecha como de izquierda. Por eso no coincido con Gustavo cuando dice que "nadie le puede dar mucho poder a nadie". De hecho, sí. Moyano era alguien antes de Néstor Kirchner y es otro después de. Y lo mismo pasa con los que se reivindican como de "La Cámpora". Con Cristina tienen otro tipo de protagonismo. Para no hablar del guitarrista Boudou. Digamos que la adquisición de poder es el resultado de una transacción que se hace con otros que tienen otra porción del poder y que, llegado el caso, pueden perderlo para que lo asuman los que dos minutos antes no lo tenían. De eso, en todo caso, trata la política.

    Por último, Lennon nunca fue progresista, Gustavo, fue sólo "progre". Mejor McCartney.

    ResponderEliminar
  16. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderEliminar
  17. ¡ouch! Fondebrider pega donde más nos duele a los marxistas-lennonistas!!! En esta sociedad polarizada parece no haber tregua entre los seguidores de Lennon y McCartney, aunque tampoco faltan los que prefieren a Ringo Solanas...

    Respecto del "malmenorismo", me parece una variante más civilizada del "sontodoslomismo", que desde luego no comparto. Remito, a los interesados en esa polémica, al correo de lectores de la Revista Barcelona, en la que el tema es verdadero "trending topic".

    Personalmente, no me identifico con el malmenorismo, al punto de haber votado en blanco prácticamente durante toda mi vida democrática (a propósito: no me causa mucha gracia que en un sistema en el que el voto es obligatorio, los votos en blanco e impugnados no se computen... pero bueno, esa es otra discusión). Es más: mi kirchnerismo no es precisamente de la primera hora. No voté a Néstor, no voté a Cristina, y al único de sus candidatos que voté fue Filmus. O sea que si en octubre tengo pensado votar a Cristina, no es por "malmenorismo". No sé si este es el lugar para hacer apología cristinista, pero bueno, ya que me preguntan, y para no quedar como uno que le esquiva el bulto al problema, te diría que más que el "mal menor", considero que se trata del "bien menor". Menor en el sentido de que mis críticas al "modelo" (elijo la palabra para contrastarla con el "régimen" del que habla Jorge) son, en su mayoría, que se queda corto. Por caso: Cristina no apoya la despenalización del aborto, pero permite que su bloque discuta propuestas en ese sentido. Un gobierno que le da un impulso decisivo a la modificación de la Ley de Medios, que reestatiza las AFJP, etc. me parece mucho mejor que uno que no lo hace, o que asegura que no lo va a hacer. Personalmente, no me molestarían unas cuantas reestatizaciones más, pero bueno... No es poco. Se me preguntará por qué no voto a la Izquierda Unida (valga el oxýmoron) ya que corro al kirchnerismo "por izquierda". Allí yo diría que, entre una candidatura testimonial y una que demuestra voluntad de levantar algunas de esas banderas, prefiero la que transforma, aunque sea poco. De ahí lo de "bien menor". Tampoco me cabe el "cuanto peor, mejor", porque no veo que los votantes de Macri sean partidarios de la revolución permanente. "Mejor poco, pero mejor", para levantar un conocido, viejo y sucio trapo rojo. No diré "paso a paso", porque tiene connotaciones racinguistas que no son compatibles con mi paladar negro.

    Respecto de nombres como Moyano, Boudou, etc. insisto en que el poder no se los "dio" nadie. ¿Tenía Lousteau poder cuando anunció la 125? ¿Era tan poderoso Alberto Fernández? ¿Cuán poderosos son La Cámpora o Boudou? Parecería que el tema no depende de quién les "conceda" el poder, sino de qué capacidad muestran para construirlo: las estrellas de Lousteau y Fernández se apagaron rápidamente. Mi sensación es que el poder no se da, sino que se toma, generalmente mediante la violencia (simbólica, muchas veces: no estoy haciendo una apología de la lucha armada; aunque el panorama internacional demuestra que se están perdiendo las metáforas). O sea, Moyano no tiene poder porque la Presidenta se lo da, sino porque puede juntar unos cuantos miles de personas y ejercer presión. No es para asustarse: es lo que hace cualquier otro factor de poder. "Extorsión", dicen los que se bancan las presiones de otros grupos mejor vestidos, se bancan un desabastecimiento porque lo hace gente "como uno", pero se asustan si ven muchos morochos juntos. Hay toda una lectura mediática según la cual el kirchnerismo es una suerte de dictadura que quiere tomarnos de rehén, y las nuevas fuerzas como el PRO vienen en nuestro auxilio. Ahora, si el voto a Macri es un voto por la liberación, da para reírse. Exagero, igual. Ya sé que no es eso lo que propone Jorge. Pero algo de eso parece flotar en el ambiente, o al menos en algunos medios... Abrazo!

    ResponderEliminar
  18. Describe la distribución de aspiraciones y te diré qué sociedad tienes. Hoy queremos tv de plasma, fútbol, delivery de empanadas, pasear al perro y reggaetón (y esto atraviesa las clases sociales, no las distingue; solo cambia la calidad de los productos y servicios). No es cierto, me parece, que la sociedad argentina o la porteña quieran cambiar y no puedan (porque los obstáculos que "el poder" les coloca son demasiado altos, porque su inteligencia es demasiado escasa); la sociedad argentina está encantada de ser lo que es; no cambiaría nada, excepto, claro, algunos pesos más a fin de mes. Igual se queja, sobre todo de "los políticos" que tan bien la representan. Protesta la educación pública pero prioriza la tersura del pavimento. O tal vez lo que protesta no sea la calidad de la educación pública, sino su imaginada impronta desbocadamente humanista.

    La objeción de Fondebrider sería válida si se tratara de impedir un triunfo de derecha (aún de evitar una derecha con otra; una peligrosa con otra desagradable, por ejemplo), pero casi nadie califica al gobierno nacional como de derecha, y ciertamente no los votantes macristas, más bien lo contrario. Y tampoco casi nadie piensa al Pro como a un partido progresista, e incluso muchos admiten que es de ("centro")derecha (más allá de lo acertadas que creamos que sean estas percepciones: como reclama GFW, sin identificar izquierda con populismo ni republicanismo con derecha, igual creo que el gobierno K tiene varios rasgos de derecha). Es decir que votar a Macri por evitar fortalecer al gobierno nacional, o a las ideas que supuestamente representa, ha sido un voto de derecha. Para el resto, o se lo vota a Macri porque se aprueba su gestión o se lo vota ideológicamente, es decir, por el triunfo obcecado de una colección de ideas, aunque quienes la encarnan no hayan demostrado mayor solvencia. En ambos casos, aunque no se lo reconozca, se es de derecha, porque tanto la ideología como la gestión de Macri lo son (tal vez pueda decirse así: es populista porque relega la educación a segundo plano, es de derecha porque busca mercantilizarla y hacerla dogmática y represora). Entonces, no me queda claro: ¿Fondebrider justifica a los que consienten, y se salpican con, los abusos y la deliberada inoperancia Pro con tal de evitar el triunfo de Filmus/CFK, cuyos abusos e inoperancia, se inventan, son aún mayores? Además, ¿qué es lo que supuestamente los votantes del Pro rechazan del gobierno nacional, siendo que comparte con el de la ciudad varias conductas, a las que precisamente cabría llamar anti republicanas?

    Los votantes de Pro han elegido una ciudad cuyos sistemas públicos de salud y educación se hunden en la pobreza (y aunque es una herencia, no son ajenos a ella: van cuatro años de gobierno y varios más de primera fuerza legislativa), una ciudad colapsada de autos y asfixiada de cemento (pero en la que se sigue permitiendo el negocio inmobiliario sin planificación ni límite), con un sistema de transporte público cuya función no es servir a los ciudadanos sino servir de negocio a un puñado de empresarios (aún estoy esperando que los legisladores nacionales de la oposición, que son mayoría, lo traspasen por ley al Estado de la ciudad), un clima cultural de reggaetón (excepto, parcialmente, los festivales), y, concedamos, un problema de inundación en el norte en vías de solución. Además de la represión, el espionaje, los negociados en las contrataciones, la intención de cargarse a los jueces molestos, la manipulación presupuestaria, y, en general, la puesta del Estado al servicio de los negocios de las grandes empresas. Ni por el que está de acuerdo, ni por el que no le importa, ni por el que lo consiente, puedo sentir la menor estima.

    ResponderEliminar
  19. Ignatius, no justifico nada. Simplemente describo una posibilidad para que lo que se debate no quede exclusivamente en blanco y negro. Insisto: ni los que votan a Filmus (y eventualmente a Cristina) son los cruzados que liberan a Jerusalmen de los árabes, ni los que votan a Macri o a otras fuerzas de derecha son necesariamente el non plus ultra del fascismo. Hay matices y me gustaría entenderlos porque da la casualidad que uno tiene que convivir con toda esa gente. Anatematizarlos es lo más fácil, pero también lo menos inteligente.

    En cuanto al uso de ciertas palabras, yo, cuando veo fútbol y hay alargue, sigo prefiriendo la fórmula del tiempo de descuento antes que la del tiempo recuperado. ¿Por qué no preferir entonces "régimen" a "modelo" o, sin ir más lejos "Cangallo" a "Perón".

    ResponderEliminar
  20. Me parece que ciertas cosas se discuten demasiado en abstracto, como si la historia del país –y la de sus fracasos– no fuera la que es. No correré a madie ni por izquierda ni por derecha sino, simplemente, hablaré de mi punto de vista. Fui alfonsinista, después de haber militado en izquierdas un poco más furibundas, antes de la dictadura y, muy módicamente, durante. Tal vez seguiría siéndolo (alfonsinista) si se tratara del padre y no del hio (del espíritu santo mejor ni hablar. Pocas veces me sentó tan identificado con personas ligadas a gobierno alguno como cuando, por la vía de Dante Caputo, la razón y el iluminismo derrotaron al feudalismo ignorante. Y, sobre todo, cuando nuestro afrancesado canciller dijo que, de Saadi, lo separaban "poderosas cuestiones éticas y estéticas". Y es que lo estético no es menor. Puesto a elegir entre Alfonsín y Kirchner tal vez elegiria al primero, Me dejaría llevar por elecciones tribales. Sería, antes que todo, parte de mi tribu. ¿O es que acaso alguien piensa que quienes eligieron a Luder y Bittel en el 82 lo hizo analizando friamente sus propuestas y personalidades y suponiendo que gobernarían bien? Es decir que, de un lado, tendría a aquel gobierno que en los dichos se enfrentó con las corporaciones pero no pudo (o no supo o no quiso, parafraseando al ilustre chascomucense) ganarle a ninguna y acabó volteado por los poderes económicos y por Cavallo, ya aliado a Menem y diciendo, cuando la hiperinflación se anunciaba, "cuando nosotros estemos en el gobierno, el dolar estará recontraalto". Y del otro lado tendría al de Cristina Kirchner, infinitamente más desagradable, con su circo para "pensadores nacionales", sus vaivenes e indefiniciones, pero capaz de haber logrado algo inédito, que las reservas crecieran más que la deuda, y, por primera vez, contrarrestar en algo esos poderes que voltearon a Alfonsín y que, a través de Radio 10, recogían (o provocabam) el clamor popular por la vuelta de Cavallo durante el descendente gobierno de De la Rúa (continúa).

    ResponderEliminar
  21. (viene del comentario anterior)
    Pensar la cuestión en términos de peronismo o antiperonismo, a esta altura del partido, me parece contraproducente. Porque Macri no es menos peronista (y tal vez lo sea más) que Cristina Kirchner y ciertos enemigos, que en este país real voltearon gobiernos a lo loco, no tienen ningún reparo (no lo han tenido) para ser peronistas o lo contrario, según quien fuera más propenso a seguir sus "consejos". Eventualmente, comparemos las furias. Aun suponiendo que el gobierno de Cristina K fuera malo, sería, en todo caso, un gobierno malo más, dado que los anteriores, incluso las dictaduras (que poder tuvieron, no puede negarse), no pueden lucir demasiados éxitos. Sin embargo los epítetos, la violencia de la oposición, titulares con el de Clarín hace dos semanas, cuando anunció "Cristina volvió a llorar en público a su marido", no habían sido vistos nunca. Ni con la dictadura, ni con Menem. Cabe entonces la pregunta de si, dado que quienes critican la falta de republicanismo no parecen demasiado preocupados por el republicanismo, la crítica no se referirá, entonces, precisamente a los rasgos positivos –y repito, inéditos– de la actual gestión del gobierno nacional (continúa).

    ResponderEliminar
  22. (viene del comentario anterior)
    Tal vez sea el mal menor, lo cual, en contextos cerrados, donde no pueden incorporarse variiables nuevas, es, de hecho, el bien mayor. Pero, en efecto, se tratará, en lo nacional, de elegir entre peronistas como De Narváez y Duhalde y peronistas como Cristina K. Es decir, de un lado peronistas que, junto a sus aliados (que, no habría que olvidarlo, ya gobernaron y llevaron al país a una crisis gravísima) vaticinan desde hace varios años, sin éxito ni autocrítica, que "el año que viene se cae todo", que "el país no aguanta un año más" y que "se viene de nuevo el default". Y pernistas que, con todos sus rasgos de impresentabilidad, han gobernado razonablemente bien, sobre todo si se tiene en cuenta con quienes debe comparárselos, y que han llevado adelante unas cuantas causas justas. En relación con Moyano, creo que todos recuerdan el poder que tuvo Ubaldini. Y a nadie, me parece, se le ocurriría decir que se lo daba Alfonsín. Eventualmente –y no digo que esté bien hacerlo– lo que este gobierno hace es reconocer una situación de hecho e intentar aprovecharla para construir su propio poder. Y el famoso tema del autoritarismo K (y vuelvo a remitirme a la historia reciente) debe confrontarse con hechos. Alfonsín, a quien nadie (creo) atacaría por antirrepublicano, tenía en sus manos todos los canales de televisión (hubo escándalo cuando, por su orden, no se le renovó el contrato a Mirtha Legrand) y hasta había un programa oficialista, a cargo de Montenegro (más abuurido y menos efectivo que 6, 7, 8 pero no menos propagandístico. Más allá del estilo "confrontativo" (que desde mi punto de vista tiene que ver con contestar más o menos desafiantemente a las confrontaciones) del gobierno, Cristina K no ha cerrado ningún medio, no ha intervenido ninguna provincia, no ha encarcelado o siquiera prohibido a periodista alguno y, como se desprende de la lectura diaria de Clarín o La Nación y la visión de la mayoría de los noticieron televisivos, puede decirse absolutamente cualquier cosa. Podrá tratarse de un gobierno con un estilo de discurso iracundo, que construye poder inventando peleas para generar mística en sus seguidores. Puede ser. Pero entre eso y el autoritarismo hay un camino largo. Y no se está hablando de entelequias. Se trata de un autoritarismo real, que los enemigos más virulentos del gobierno aplaudieron y apoyaron. Lo que sí sucede es que, precisamente donde la propaganda contraria les atribuye mayor cálculo y eficacia es donde el gobierno hace más agua. Lejos del poder omnímodo que se les imagina, y de la perversidad infalible que se les supone, cometen errores políticos de un infantilismo inadmisible. No otra cosa fue encarar la campaña de Filmus centrada en sus características virreinales, tan luego en una ciudad para la que la autonomía es un bien en sí mismo (y un bien que tardó en ser conquistado). No son los méritos de Macri, en todo caso, los que le han conseguido sus votos.

    ResponderEliminar
  23. Supongo que la vida de los pueblos no debe medirse en razón de la vida de los individuos, por lo que, en ese caso, la cuestión del "mal menor" es, a la larga, "el bien mayor". El problema para los individuos es que tienen una sola vida. De ahí, entonces, las muchas formas de reaccionar ante lo que para unos es un "mal menor". Dicho de otro modo, uno se cansa de pensar siempre en cuál es el "mal menor" y desea, por una vez, hacer lo que realmente desea. En mi caso, aclaro, no es votar a Macri ni en contra de Macri, sino a favor de quien me resulta más convincente en términos personales, tenga o no posibilidad de ganar las elecciones.

    Respecto del manejo que Clarín haya hecho de las lágrimas de Cristina, estamos de acuerdo. ¿Estaremos de acuerdo en el manejo público que Cristina haya hecho de sus propias lágrimas? Porque eso, a la hora de facturar, también paga. ¿O no? Estamos hablando del poder, de cómo obtenerlo y de cómo mantenerlo, no de la vida personal de cada cual que llega al poder.

    Tampoco estoy de acuerdo con la comparación entre Ubaldini y Moyano. Más allá de la diferencia entre una coyuntura política y otra, habría que considerar que la porción de poder que se obtiene tiene distintos efectos sobre el prójimo. No estoy tan inmediatamente seguro que los paros de Ubalidini a Alfonsín –finalmente, convocados por la CGT y acatados por los trabajadores sindicalizados, sin por ello avanzar sobre los derechos de los que no los acataron– puedan equipararse tan fácilmente a la posibilidad que tiene Moyano de parar todo el transporte (y digo todo, refiriéndome a las rutas, los aeropuertos y los puertos), violando derechos constitucionales como el de la libre circulación. Néstor Kirchner sabrá por qué, a la hora de mantener su poder, cedió a Moyano esa prerrogativo. A mí no me parece bien.

    Insisto con lo mismo: si estamos discutiendo estas cosas es para no pensar que quienes votaron a Macri (el carnicero de la esquina, muchos de los taxistas de la ciudad, no pocos comerciantes, además de las señoras paquetes, los brookers de la City y los rugbiers que van al Champagnat) son sólo unos reverendos fascistas, sino gente con razones para hacer lo que hicieron. A mí me gustaría conocer cuáles fueron esas razones que me niego a atribuir a la mera propaganda de Clarín, La Nación y los canales privados de televisión.

    ResponderEliminar
  24. Rodrigo Argañaraz18 de julio de 2011, 14:42

    Hay una nota insoportable atravesando estos comentarios. Será el mi sobreagudo tocado por un violín en armónico, sul ponticello y fortísimo.

    Bravo, Diego!

    ResponderEliminar
  25. Querido Jorge. La vida personal también se mide en elecciones reales: un trabajo un poco más feo pero donde pagan más, una casa más chica pero mejor comunicada o más luminosa. Salvo en nuestros sueños, son muy escasas las ocasiones en las que podemos elegir entre ser rubios millonarios y famosos o feos, pobres y enfermos. Bienvenido al mundo pero, tanto el 31 como en octubre decidirás, por acción u omisión, a quién preferís entre quienes están. Será, tal vez, entre la hepatitis con secuelas y el tumor maligno. Puede ser. De todas maneras, yo no dudaría.

    ResponderEliminar
  26. Siempre quise escribir como Rodrigo Argañaraz, enigmático, breve y, sobre todo, fino. En este minuto solo puedo aspirar a lo segundo.

    ResponderEliminar
  27. Jorge: nadie en este foro, incluido yo, ha identificado al voto de derecha con el non plus ultra del fascismo, más bien lo hemos negado: la derecha y la izquierda son más grandes que el fascismo y lo incluyen. Tampoco se han negado los matices, solo se ha resaltado que son precisamente eso, matices de una misma tonalidad. Que a mí me desagrada, y no es necesario que estime a aquellos que la portan para poder convivir con ellos. Basta que los tolere y respete y defienda sus derechos legítimos. Además, así como habrá gente que vota al Pro por oponerse al gobierno K, habrá gente que vota a Macri en la ciudad y a CFK en la nación, probablemente por motivos económicos.

    En efecto, Diego, si los que ni dieron ni dan un peso por el republicanismo (periodistas, dirigentes políticos y ciudadanos de a pie), critican su falta al gobierno nacional, es solo una excusa berretaque encubre el verdadero rechazo de algunas políticas que afectan ilegítimos y concretos intereses y aportan, aunque sea oblicuamente, al bienestar colectivo y la justicia. Y no idealizo el republicanismo, no lo creo el pináculo insuperable del desarrollo político, más aún, lo creo insuficiente, solo me parece mejor que lo que hay hoy (no discutiremos ahora si puede funcionar sin que la mayoría esté convencida, y si puede usarse como fachada de los poderes de siempre).

    ResponderEliminar
  28. Hay una nota... presque indistinguible, como de violín, sí, pero en técnica extendida, las cuerdas frotadas contra el pantalón del músico, cerca de la entrepierna, ¡sí! así está escrito, la obra es de Marcelo Toledo... sí.. muy pero muy avant garde, de esas que hacen que uno empiece a odiar a John Cage a la vez que se fuerza a recordar... no sé, "She is asleep", por caso, para dejar un poco de lado la ira pasajera e injustificada. Pero ese violín sigue sonando así, ahí, y no hace más que distraerlo a uno de la escucha con una pregunta insistente, maniática: ¿como es que no se atreve, ya que llegó hasta esos extremos, a metérselo bien el el orto?

    ResponderEliminar
  29. Dado que permití lo de la nota sobreaguda (la verdad es que no me di cuenta) permito lo del orto que le responde (sin querer llegar a imaginarme las extrañas vibraciones concomitantes). Pido, además, se retorne al civilizado desacuerdo anterior.

    ResponderEliminar
  30. Usted es un caballero, Sr. Fischerman, eso se ve hasta con los ojos cerrados. Aunque ponerse de acuerdo sobre lo que es civilizado o no - y más aún, sobre lo que cada tiene comprometido con esta civilización - este es su blog, y yo apenas su parásito. Pero para que mentir, en este caso festejo sus lagunas, la del sobreagudo sobreagudo y la del bajísimo ya sabe qué. Un abrazo, y siga distraído.

    ResponderEliminar
  31. Rodrigo Argañaraz19 de julio de 2011, 14:23

    Gracias a mi por el elogioso comentario sobre la escritura mia. ¡Usted también es un caballero, amigo! Pero, permitame decirle, que no entendí bien eso de "se ve hasta con los ojos cerrados". Trate usted, Fisherman, de ver algo con los ojos cerrados. ¿O no que no se ve nada?

    ResponderEliminar
  32. Yo también agradezco a mí, tal vez con más frecuencia que la que debería. Lo que resulta condenablemente cierto es que con los ojos cerrados no veo mucho menos que manteniéndolos abiertos. Parafraseando a un amigo (él se refería al oído), se ve que estoy perdiendo la vista que nunca tuve.

    ResponderEliminar
  33. Sí de mi se trata, el agradecido soy yo. No me imaginé este final, pensé que habría efectivamente "extrañas vibraciones concomitantes" o, para ser más científicos, EVC. Y si no es por mí, o sea por Vito Foyaso, no dije nada. Me, myself and I para todos. Me extraña que a Argañaraz se le pase por alto que en el sueño los párpados están clausurados, y sin embargo... Un abrazo.

    ResponderEliminar